martes, 9 de febrero de 2010

Librerías y libreros.


Librerías chicas, librerías grandes, algunas vacías otras con más suerte.

Primer intento:
-¿tiene este libro?
-No, no lo conozco.

Segundo Intento:
-¿tiene este libro?
-Si, en la estantería de allá, vale cien mil millones de pesos (maldito IVA).


Los dueños de las librerías son personas muy raras, deben tener mucho que hablar, pero casi nadie con quién hacerlo. Están ahí, en sus galerías, con locales de dos por dos. Máximo, el doble si es que les va bien.

Otros más resignados, ya se han alejado de su sueño, inicialmente muy intelectualoide y se han percatado que solo les queda manejar los libros como mercancías y no como tesoros. Esos son los que no se molestan en dejar su librería cerrada y que aparecen cuando te ven forcejeando con la mampara para entrar.

Así son las librerías en Santiago, fomes, caras y con poquita variedad, pero son las que hay mano y con un poco de búsqueda intensa se puede encontrar algo bueno.

En general el librero, si no es de esa librería que solo vende cosas nuevas y que más parece un mall, es un tipo callado, quizás guarda sus palabras para tratar de escribir un gran obra, tan buena como las que vende.

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